Figma amplió las capacidades de su agente de inteligencia artificial permitiendo que los usuarios creen y compartan “skills” directamente dentro de la plataforma. Estas habilidades funcionan como instrucciones reutilizables que enseñan al agente cómo ejecutar determinados procesos de diseño.
Un diseñador puede, por ejemplo, crear una habilidad para revisar imágenes, generar escalas tipográficas, aplicar criterios de un sistema de diseño o automatizar tareas que normalmente repetiría de forma manual.
Figma también habilitó una biblioteca comunitaria con decenas de estas habilidades, que pueden incorporarse a diferentes flujos de trabajo y adaptarse a las necesidades de cada equipo.
La novedad apunta a una evolución importante del diseño asistido por IA: en lugar de limitarse a generar propuestas a partir de un prompt, los agentes empiezan a aprender reglas, preferencias y metodologías propias del diseñador.
El resultado es una colaboración cada vez más personalizada entre criterio humano y automatización, convirtiendo al agente en una herramienta adaptable al lenguaje visual y los procesos de cada equipo.
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