Tlapa de Comonfort, Gro. En los primeros minutos de este miércoles 28 de octubre, pobladores de Tlaquiltzinapa, comunidad perteneciente al municipio de Tlapa de Comonfort, en la región Montaña de Guerrero, emprendieron una procesión nocturna hacia el cerro conocido como El Calvario, donde realizaron un ritual ancestral para abrir, según sus creencias, el portal que permite el regreso de las almas de sus seres queridos.
Abrigados contra el frío de la madrugada, hombres, mujeres, jóvenes y niños caminaron con velas encendidas, flores y canastas con pan, frutas y otras ofrendas, acompañados por música de viento.
Frente a una gran cruz ubicada en lo alto del cerro, los habitantes elevaron rezos y cantos durante aproximadamente dos horas, hasta considerar que el portal se había abierto y que sus difuntos podían regresar a la comunidad para visitar los hogares donde los esperan sus familiares.
Esta tradición, transmitida de generación en generación entre los habitantes nahuas, conserva un profundo significado espiritual. Los pobladores rechazan la celebración de Halloween y el uso de disfraces, pues consideran estas fechas sagradas para honrar a quienes han partido.
Los preparativos comienzan desde el 24 de octubre, cuando los pobladores se reúnen en la iglesia para elevar rezos y alabanzas por sus difuntos.
Como parte de esta tradición, antiguamente niños y jóvenes acudían a los huertos para recolectar elotes, calabazas, jícamas y otros frutos de las cosechas, que después eran preparados y compartidos como parte de las ofrendas familiares.
Una antigua creencia sostiene que la cera que escurre de las velas encendidas representa las lágrimas de las almas: de alegría por ser recordadas o de tristeza cuando sus familiares las han olvidado.
La celebración continúa hasta el 2 de noviembre, cuando concluye el periodo dedicado a los fieles difuntos. Durante esos días, las familias mantienen sus altares con flores de cempasúchil, veladoras, alimentos y bebidas que en vida disfrutaban sus seres queridos.
Así, entre rezos, música y ofrendas, los habitantes de Tlaquiltzinapa preservan una tradición ancestral que une las creencias de sus antepasados con la fe católica y que se transmite de generación en generación.
